13 de febrero de 2011

Wendy, en vez de estar durmiendo en esa estúpida cama podrías estar volando conmigo saludando a las estrellas.

(Banda sonora de Tiburón: CHANA, CHA NA, CHA NA, CHA NA...)

Se acerca la temida fecha.
Temida para los que no tienen a nadie. Imprescindible para los románticos empedernidos. Molesta para los pasotas e indiferente para mucha gente.


¿Y en qué bando estoy yo?
¿Cabecilla del movimiento anti-san valentín?
Nop. No, este año. Este año me contradigo a mi misma.

Me contradigo porque apenas unos días después de San Valentín me encontraré en el mismísimo balcón de Julieta Capuleto, dejando cartas de amor sin respuesta, y probablemente pidiendo con todas mis fuerzas que "algo" llegue a mi vida.

Me contradigo porque, consumismo aparte... ¿Qué tiene de malo que una vez al año la gente se diga que se quiere? Que ese niño encuentre en el día de San Valentín la fuerza necesaria para decirle a alguien "Me gustas".

Porque a todos nos gusta oir un: "Hoy he pensado en ti".
Y porque seamos sinceros, mas o menos cínicos, al final del día, todos nos acostamos pensando: ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no se ha atrevido? ¿Por qué no me ha dicho nada?

Pues señoras y señores, porque hay que echarle un par de huevos al asunto y decir las cosas claramente. Y con lo que nos gustan los juegos, las tonterías, las cales y las arenas y las broncas en general.... da mucho miedo atreverse a decir lo que uno piensa realmente.

Me contradigo, me contradigo y ni os imaginais de qué manera. Pero son cosas de la vida. A veces te toca jugar en los dos bandos.

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